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Preparar fundadores: las preguntas de Paul Graham leídas desde la región

Graham dice que una universidad no debería enseñar a emprender, sino enseñar bien a construir. Su respuesta supone un tipo de institución. En la región hay al menos tres, y el criterio le calza mejor justo a la que nadie cuenta.

Paul Graham publicó en agosto How Universities Should Prepare Founders. Su tesis es corta: lo que Y Combinator busca en un fundador es alguien que sea bueno construyendo cosas y que tenga el hábito de hacerlo. De ahí se sigue algo incómodo para muchas vicerrectorías: la forma de preparar fundadores no es montar un currículo de “emprendimiento”, sino enseñar bien ciencias de la computación, ingeniería o biología molecular. Y hacen falta solo dos cambios, dice: que el estudiante crea que emprender es una opción real, y que tenga tiempo para trabajar en proyectos propios.

El argumento se sostiene. También supone un tipo de institución bastante específico: universidad de investigación, departamentos fuertes, estudiantes a tiempo completo y ese hueco de calendario que en Harvard llaman reading period. Leído desde América Latina y el Caribe, el texto no tiene una respuesta sino tres, según a quién se le pregunte.

Tres instituciones, tres papeles

Universidades de investigación. Son las que más se parecen al supuesto de Graham y el papel que han jugado en la región es producir la mayor parte de su investigación y sus programas de doctorado. Su límite no está en la creencia: los referentes existen y los departamentos están. Está en el calendario. El tiempo libre que Graham pide compite con una carga curricular densa y con la lógica de la acreditación, que premia lo que se puede documentar.

Universidades de cobertura. Su papel ha sido el acceso y la movilidad social a escala, y es un papel enorme que la conversación sobre innovación suele saltarse. Acá el punto de Graham sobre el tiempo libre choca de frente, porque una parte importante de sus estudiantes estudia y trabaja. Regalar tiempo no es una decisión administrativa: es una decisión sobre quién puede permitírselo.

Institutos profesionales y centros de formación técnica. Su papel ha sido la empleabilidad y el vínculo con el sector productivo. Y acá está la inversión que vale la pena mirar: son las instituciones donde efectivamente se construyen cosas. Talleres, laboratorios, proyectos de título con una contraparte real que va a usar el resultado. Eso es exactamente el criterio de Graham, y son las instituciones que casi nunca se cuentan como cantera de fundadores.

Tres preguntas

¿Qué enseñamos bien, y lo estamos usando para esto? Graham es tajante: no hace falta un centro de innovación ni un decanato de emprendimiento, y si se crean, lo más probable es que resten. La pregunta previa a cualquier programa nuevo es qué sabe hacer bien la institución hoy, y si eso ya está conectado con quienes quieren construir algo.

¿De quién es el tiempo libre? Es el insumo escaso del argumento y el que menos se puede dar por supuesto en la región. Si el estudiante trabaja, el reading period no aparece por sí solo: hay que diseñarlo, y hay que decidir a quién alcanza.

¿A quién ve el estudiante? Graham observa que en Harvard se postula a YC al doble de la tasa de Yale y Princeton, y que la diferencia no está en los estudiantes sino en la costumbre. Su remedio es que vean fundadores reales, y agrega un detalle que en la región importa más que en Boston: lo inspirador no es la persona más rica, es la más cercana en edad. El referente útil no es quien salió en la portada, es el egresado que va tres años adelante.

La respuesta de Graham no cuesta dinero. Cuesta disciplina institucional, que es más difícil de conseguir. Acá cuesta lo mismo, con una pregunta antes: cuál de las tres instituciones eres, y qué es lo que ya haces bien.

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